Impulsividad

Un cierto grado de bajo control de los impulsos en los niños es normal, de hecho uno de los mayores retos de la infancia esta en conseguir un adecuado y completo control motor, que también incluye un correcto control de los impulsos (Menéndez Benavente, 2001). No obstante en los menores que presentan TDAH, las características y los síntomas que definen la impulsividad se refieren principalmente a que son niños que frecuentemente responden de forma inapropiada a los estímulos del entorno.
Antes de haber terminado la pregunta estos niños ya han iniciado la respuesta, lo cual implica que en muchas ocasiones equivoquen sus respuestas, dado que no han dado tiempo a entenderlas y o simplemente a terminar el enunciado de las mismas. Tienen importantes dificultades para esperar su turno, así esta actitud interfiere en su normal funcionamiento con las normas y en los juegos fundamentalmente normativos. Es muy frecuente que interrumpan a otros independientemente de la edad, incluido a los adultos, cuando están hablando o haciendo otras actividades (Mick y otros 2004).
Son niños que no pueden esperar las recompensas, por lo que se manejan mal con gratificaciones diferidas en el tiempo y necesitan las cosas en el mismo momento en que han pensado en ellas. Tienen dificultad para cumplir las normas y las limitaciones a pesar de conocerlas, aunque en la mayoría de las ocasiones, una vez transgredida la norma presentan arrepentimiento, este se puede diluir con el tiempo, lo que es un signo de peor pronóstico. Actúan en muchas ocasiones sin pensar las consecuencias con anterioridad, lo cual les suele llevar a problemas con mucha facilidad. No tienen una percepción real del riesgo de las conductas en las que se involucran así que, saltan desde alturas, se montan en bicicleta sin mirar en los cruces…, lo que como es lógico, propicia un mayor riesgo y un aumento de los accidentes (Swensen y otros 2004).
Tienden a romper cosas con más frecuencia que los niños y niñas de su edad. Cuando hablan con terceras personas con independencia de la autoridad que puedan representar, tienen dificultad para inhibir lo que están pensando, así que tienden a contestar con lo primero que se les pasa por la cabeza. Suelen iniciar las tareas antes de terminar todas las instrucciones ya sean verbales o escritas. En este mismo sentido, cuando realizan actividades que son especialmente aburridas, tienden a hacerlas lo más rápido posible por terminarlas de forma veloz, lo que consecuentemente les lleva a cometer una gran cantidad de errores por no prestar la suficiente atención. Es frecuente que molesten e incordien a los demás.
Las respuestas motoras suelen ser frecuentes, lo que en muchas ocasiones condiciona respuestas de agresividad física hacia objetos e incluso hacia personas cuando se ven contrariados, sin pensar o inhibir dichas acciones, en virtud de las consecuencias que puedan acarrear. La clínica de estos pacientes, en ocasiones, puede acompañarse por respuestas emocionales intensas, así se enfadan con mucha facilidad. Es fácil que se frustren con facilidad cuando las cosas no salen como ellos quieren. Es fácil que se muestren irritables, con facilidad para perder el control y enfadarse rápidamente.